hospital público







































Mi padre murió en un hospital público.
Había que ponerse alcohol en las manos para tocarlo.
Había que hacer silencio en los pasillos.
La muerte ya iba compactando los espacios.
Las habitaciones, más que campos de batalla,
parecían purgatorios, confesionarios,
salas de espera.
Cuando la sangre dejaba de gotear había que tocar un timbre
y esperar.
Y llegaban enfermeras con nuevos paquetes de plasma
para que la purga siguiera drenando.
Y seguíamos esperando.
Una vez cada tanto llegaba uno de guardapolvo blanco
y hacía preguntas y hacía algún chiste y masticaba como un chicle
su aureola sacerdotal.
Luego se iba
y había que seguir esperando.
Después mudaron a mi padre a otro piso, con otras leyes.
Ahora él esperaba solo, y los demás esperábamos también
pero lo hacíamos al mismo tiempo que comprábamos pan
vendíamos tornillos, lámparas, metros y metros de cable y de telas
o esperábamos ya en casa, mirando televisión, tocando el piano,
conversando sobre la situación.
Y quince minutos por día podíamos esperar con él,
tocarle la piel que se hinchaba
y sonreírle.
Y luego otro de guardapolvo verde decía que estaba difícil
y que había que esperar.
Por suerte nadie esperó mucho ya.
Los oficiales de la ciencia le abrieron el camino a la muerte
para que comiera sin problemas el manjar de mi padre,
le quitaron todas las defensas, literalmente,
y lo dejaron atado a un tubo, para esperar que llegara ella
a terminar con todo esto.
Mi padre no tomó ninguna decisión.
Todo quedó en manos de la ciencia
y vaya que hicieron su trabajo rápido,
casi no hubo que esperar de veras
pero qué pena no haber podido esperar todos juntos
en casa.

de la indomable bailarina


FERIA


sos una aventura (inconcluso, si existe lo concluso)


Poema escrito en vivo en la 30ª FLIA Buenos Aires.
Corralón de Floresta, 12 de abril de 2015

qué lindo


INERCIA


instrucciones para hacer equilibrio si usted está paradx sobre el planeta TIERRA


POESÍA EN VIVO // 30ª FLIA Buenos Aires