Cómo amar sin poseer (plegaria a uno mismo)

¿Cómo amar sin poseer? ¿Cómo dar sin pretender que algo vuelva? Básicamente, viviendo como si fuera el último día sobre la tierra, amando como si fuera una despedida de la vida, jugando por la mera magia de jugar, y que no importe si ganás o perdés, porque lo importante es tan fugaz e intangible que siempre se está yendo, se quema, es como el fuego que lo es todo pero en el mismo acto de volverse nada, como un trampolín, una catarata, y vos amás como si te bañaras en la catarata, como si la navegaras en bote kamikaze o como si fueras la mismísima catarata que va hacia afuera para encontrarse en cada momento con el ser verdadero, es un acto de estar más presente que nunca, de estar todo ahí porque no hay garantías de mañana u otro día, y es verdad, no hay garantías, desde el momento en que te puede partir un rayo cuando salís a la calle o que me puedo atragantar con una tarta envenenada sin querer o queriendo y chau, cerrame la cuatro, como se dice ahora, cierra el casino y si no jugaste perdiste, amigo, así que si querés pensalo dos veces o tres antes de pedir otra carta o de bajar la palanca del tragamonedas, porque la dicha del amor es la del jugador empedernido hasta quedarse sin nada y de pronto tenerlo todo pero darse cuenta de que no vale nada si no se vuelve a volcar en la ola, en esa gran corriente de energía y mutaciones de la que nacimos y somos parte indisoluble, sí olvidable, nos podemos olvidar de todo esto y pretender que vivimos en algo así como una tierra firme, nos lo podemos creer toda la vida e incluso hacer equilibrio en ese botecito de papel y proclamar un continente hasta que se hunda, pero si en cambio aprendemos a nadar y a ser el agua que sos hasta fuera de toda metáfora, viste que somos 70% agua, entonces cómo no vamos a ser como el agua? Somos agua, somos líquido, somos la no forma por definición, nos adaptamos al medio o lo creamos nosotros en el acto de serlo, somos un petardo en el ojete de dios, somos niños dioses en un día de campo hasta volver a la escuela de la nada, entonces cómo amar sino como niños, con la impunidad de la libertad absoluta y con la confianza de mirar a los ojos, con la puerta abierta, como si fuera cada último día de tu vida. 
Pero ¿sabés qué? Amar como si fuera el último día del amor, de ese amor cual-es-quiera, como si estuvieras vos de viaje y el otra, la otro, les otres, también de viaje estuvieran y a destinos opuestos pero que se encontraron en ese nudito, en esa estación de trenes, aviones o cualquier plataforma que implique o no una valija pero sí más seguro un boleto, algo que te diga que es para allá y que vos estás buscando, entonces en el medio de ese ir hacia lo que estás buscando de pronto una mirada, un reconocimiento y un tocarse las manos, y eso es todo, en todo sentido, eso es todo, y cuando llegue el tren no colgarse, cada uno lo toma y si resulta que era el mismo tren qué risa che, bueno, ¿adónde vas vos, posta? Qué bueno, hay tiempo para jugar a las escondidas entre vagones, pero sabés que la moneda está cayendo desde algún lugar de la galaxia y del misterio del tiempo que te corre por la piel como la arena que sos y se deshace sin hacer tic tac sino haciendo tuc túc tuc túc y lo que quieras hacer con tu boleto de viaje de tiempo contado por reloj de sangre tenés que hacerlo ahora, es el momento, si te puedo ayudar qué dicha porque nada más lindo que verte llegar adonde querés ir, aunque no quede en el barrio adonde estoy yendo. Nuestro barrio será esa ínfima e íntima patria fugaz del abrazo en el momento que sepamos, que nos demos cuenta al mismo tiempo y sabiendo que nos estamos dando cuenta juntos.